domingo, 20 de abril de 2008

¡Oiga!, me devuelva la bandera

Pues resulta que he tenido a mi "chacha Manuela" tres días cosiendo la bandera de siete metros de larga (que ocupaba todo el pasillo de su casa) y que colocamos el jueves por la noche en el "pico La Atalaya".

Yo que fumo como un carretero y que lo del deporte no me va demasiado, me ofrecí a subir con los amigos de "La empedrá" arrastrando la bandera y el resuello mientras el ventarrón hacía que el esfuerzo fuera el doble. Encima lo de las alturas me da miedo de más, pero vamos, la aventura merecía la pena.

Al llegar arriba el viento era todavía más fuerte y ahí que se afanaron los empedrosos a subirse a una antena mientra yo me escaqueaba con el pretexto de sacar fotos. Daba pánico verlos a los cuatro encaramados en el amasijo de hierros mientras iban colocando hasta cuarenta latiguillos de esos de plastico que una vez que los aprietas no hay "cristo" que los abra.

Luego la bajada, que todavía es más peligrosa que la subida, así, arrastraculo y con "cuidaico" de no desprender piedras que le dieran al de alante. Cuando bajamos nos sentamos en el "collao" contemplando la estampa de la bandera ondeando a los cuatro vientos. Un respiro de orgullo y satisfacción mientras espetabamos aquello de "a ver cuanto dura".

Al día siguiente el día levantó lluvioso y la bandera seguía ahí, haciendo contraste con el gris del cielo. Se podían distinguir los colores brillantes a simple vista, pero había algunos que incluso se aseguraban de que la bandera era la tricolor empuñando unos prismáticos desde los balcones.

La sensación era más satisfactoria todavía porque conforme avanzaba el día la noticia corría como un reguero de polvora: "hay una bandera republicana en lo más alto de la Atalaya".

La alegría duró hasta las doce de la mañana más o menos cuando, al parecer, por orden municipal, algún empleado del ayuntamiento subió a quitarla. Seguramente tardó menos que el tiempo que empleamos en ponerla y sobre todo, mucho menos que lo que mi chacha dedicó a coserla. Así es que, con todo mi respeto, le pido al concejal responsable que mande llevar la bandera al Club Atalaya porque sino mi "chacha Manuela" se va a cabrear y mucho, No hace más que repetirme "nene, pero la bandera la habéis 'recogío' vosostros, ¿no?.... que si chacha que si, que está en el Club".

Y es que la cosa es para cabrearse. Vamos que se trata de un robo en toda regla sino la devuelven.

Y es que en este pueblo cada uno tiene derecho a celebrar sus fiestas como le venga en gana. Los "rosieros" con sus sevillanas por media Cieza dejando un reguero de boñigas de caballo. Los semanasanteros llenando los balcones de las casa y las farolas de las calles con sus estampicas de santos y escudos de la Junta de Hermandades. Los moros y cristianos con sus blasones de colores. Y los que pensamos que el 14 de abril es una fiesta más que rememora una etapa democrática de nuestra Historia, colocando la bandera en el monte de todos. Y si a mi no me molestan los santos ni los blasones...¿por qué a otros les escandaliza el ondear de la bandera en la Atalaya?.

En fin, luego dicen que esto es una democracia. En cualquier caso, como decía ese, por favor que el concejal o la concejala de banderas "me la reponga" en el Club Atalaya esta misma semana, o puede ser que vaya a pedirsela mi "chacha Manuela". Y ojo, que mi tía no tiene pelos en la lengua. Allá tú, tururú.

2 comentarios:

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